La incorporación de la palabra al cine, el paso de las películas mudas a las películas habladas, marcó un cambio técnico gigantesco en la experiencia que brindaba el séptimo arte como medio de entretenimiento masivo. Algo similar a lo que pueda suponer en la actualidad la implantación, si esta ocurre, del 3D. Nada que ver con que guste más o menos la película, sino con el modo de percibirla y disfrutarla. Ese cataclismo ocurrió hace más de ochenta años y desde, más o menos, 1930 (con alguna diferencia entre países), cuando un espectador compra una entrada de cine lo que paga y cree que va a ver es una película hablada. ¿No parece pues lógico que cuando esto no sea así, como es el caso de The Artist, se advierta en taquilla al espectador no avisado de que la película que va a ver carece de ese elemento técnico? ¿A qué se tiene miedo? Si no hace falta, ¿por qué se avisa entonces cuando una película está en v.o. subtitulada (en realidad esta se vende así)? ¿Es por gentileza hacia los hipotéticos espectadores que no saben leer o porque hay un cambio tan sustancial en la parte hablada del film, en el diálogo, que modifica por completo el modo de experimentarlo? ¡Ah!, que-el-espectador-tiene-que-entrar-en-la-sala-informándose-sobre-lo-que-va-a- ver… Y que eso lo digan, además, algunas personas que reivindican su derecho a no leer nada y saber lo menos posible de las películas para que no les destripen el argumento...
miércoles, 18 de enero de 2012
Silencio sobre que es muda
La incorporación de la palabra al cine, el paso de las películas mudas a las películas habladas, marcó un cambio técnico gigantesco en la experiencia que brindaba el séptimo arte como medio de entretenimiento masivo. Algo similar a lo que pueda suponer en la actualidad la implantación, si esta ocurre, del 3D. Nada que ver con que guste más o menos la película, sino con el modo de percibirla y disfrutarla. Ese cataclismo ocurrió hace más de ochenta años y desde, más o menos, 1930 (con alguna diferencia entre países), cuando un espectador compra una entrada de cine lo que paga y cree que va a ver es una película hablada. ¿No parece pues lógico que cuando esto no sea así, como es el caso de The Artist, se advierta en taquilla al espectador no avisado de que la película que va a ver carece de ese elemento técnico? ¿A qué se tiene miedo? Si no hace falta, ¿por qué se avisa entonces cuando una película está en v.o. subtitulada (en realidad esta se vende así)? ¿Es por gentileza hacia los hipotéticos espectadores que no saben leer o porque hay un cambio tan sustancial en la parte hablada del film, en el diálogo, que modifica por completo el modo de experimentarlo? ¡Ah!, que-el-espectador-tiene-que-entrar-en-la-sala-informándose-sobre-lo-que-va-a- ver… Y que eso lo digan, además, algunas personas que reivindican su derecho a no leer nada y saber lo menos posible de las películas para que no les destripen el argumento...
martes, 23 de agosto de 2011
Alarma en la frontera
Alarma en la frontera (Borderline, 1950) es una de esas películas pequeñas que proporcionan buen entretenimiento. ¿Secreto? Su ingenuidad, sencillez y, ¿podemos llamarlo así?, el toque de humor del director William A. Seiter (1892-1964), en la foto. No, no intentes buscarlo en las enciclopedias porque a casi ninguna le sobró un poquito de espacio para incluirlo. Sorprende, sin embargo, que fue un profesional de larga trayectoria (en activo de 1914 a 1955), que trabajó con estrellas del calibre de Henry Fonda, Ava Gardner, Glenn Ford, Rita Hayworth, John Wayne, Ginger ¿La trama? Una curiosa mezcla de cine negro (descafeinado) y comedia romántica de equívocos en clave de “road movie”. Una agente de policía se infiltra en una banda que trafica con droga desde México para detener a su jefe. Argumento con humor y momentos deliciosos (y otros más flojos, como el número musical de cabaret) que recuerda, a ratos, el tono de Sucedió una noche. Curioso ver, ya en 1950, los lugares insospechados en los que escondían la droga lo traficantes. Ingeniosa la escena del cadáver del mexicano en el coche. (DVD: Sogemedia, ¡OJO! carátula en color aunque es una película en blanco y negro. Comprado por 1’50€ en Mediamark)
lunes, 22 de agosto de 2011
La esclava libre
La esclava libre (Band of Angels, 1957), fenomenal melodrama de Raoul Walsh sobre tres seres que huyen de su pasado con la Guerra de Secesión de fondo, es una de esas películas que no se olvidan. Pocas apariciones estelares con la fuerza de la que hace Clark Gable en la subasta de esclavos, bien entrado el metraje, con su voz precediendo a su imagen, cuando puja para salvar a Yvonne de Carlo, una “southern belle” reducida a condición servil al descubrirse que lleva sangre negra en las venas. Tragedia de la mulata que pasa por blanca, que recuerda a la Pinky, de Elia Kazan. El personaje de Gable, descubriremos más adelante, tiene también un pasado que lo atormenta y trata de enterrar bajo sus gestos de altruismo. ¿Les será posible superar lo que son y lo que hicieron para alcanzar la felicidad? Se plantea también un interesante dilema moral, en la linea de El origen del planeta de los simios (2011): ¿es peor quién impone el racismo y la esclavitud con el látigo o aquel que los mantiene hipócritamente con amable paternalismo? Para el personaje de Sidney Poitiers, que odia a su amo, Gable, porque lo educó como blanco pero lo trata como esclavo, no hay ninguna duda al respecto.
Perfecta química y buenas dosis de erotismo entre Gable (a 5 películas y 4 años de morir) e Yvonne de Carlo (futura Lily, la madre de La Familia Monster). La película, que adapta la novela de Robert Penn Warren (El político), pone en evidencia, además, ese falso mito romántico de que el final de la guerra civil americana acabó con la esclavitud en Estados Unidos. Magnífico el duelo en la plantación entre Gable y su vecino, que recuerda a aquel, aún más espléndido, de Horizontes de Grandeza. Película Warner con vistosidad de producción de la Metro (Goldwyn Mayer), a la que suele reprochársele cierta similitud con Lo que el viento se llevo, clásico al que, dicho sea de paso, poco tiene que envidiar. Color, fotografía, vestuario, dirección artística (los medios limitados lucen como una gran superproducción) y música (de Max Steiner) deslumbrantes. DVD: Warner Home Video (comprado, nuevo, por 5€, en el Rastro de Madrid)
jueves, 24 de marzo de 2011
Películas cada vez más largas
Decía Alfred Hitchcock, a quien no se puede negar magisterio sobre el arte de hacer cine, que la duración de una película debe ser “proporcional a la resistencia de la vejiga humana”. Una de las funciones del productor como motor y coordinador global de la película es la de ejercer de contrapeso (indeseable, para algunos) del director. Cuenta la leyenda que Emiliano Piedra tuvo que arrancarle a Orson Welles literalmente de las manos el negativo de Campanadas a medianoche para rematar su montaje. Es obvio que una película dura lo que tiene que durar, que al director le da pena cortar esa escena que es tan interesante, aquella que le quedó tan bien y, en fin, aquella
otra que le costó tanto filmar. Sumado a que el director lucha por el derecho a decidir el montaje final de lo filmado y a que tiende a entrar como coproductor para tener el máximo control sobre el resultado. Y éste es que las películas duran cada vez más y más (también hay un afán por competir en grandiosidad con la televisión). Así, el chileno Raul Ruiz acaba de estrenar Misterios de Lisboa, una película que dura 272 minutos, o sea cuatro horas y media. No es extraño que el cineasta haya contado que la peor crítica que ha recibido es la de su médico, que cuando fue a verla se le quejó porque tuvo que pagar veinte euros de aparcamiento. martes, 22 de marzo de 2011
Woody Allen en París
domingo, 20 de marzo de 2011
Nunca me abandones
Hermosa, poética y cruel, Nunca me abandones es una de esas películas que hay que ver sin saber nada sobre su trama (y practicamente todas las críticas y comentarios la desvelan). Bueno, se puede adelantar que trata de dos muchachas enamoradas desde niñas del mismo chico. Un trío de seres que se conocen desde la infancia, a los que vemos hacerse adultos y cuyo único deseo es que los dejen amarse. Keira Knighley y Andrew Garfield (el nuevo Spiderman) cumplen, pero Carey Mulligan (An Education) está enorme, demostrando que es la
mejor actriz joven del Reino Unido. Una historia que habla de hasta donde pueden llegar la crueldad y el egoismo humanos; y del destino. Dirige Mark Romanek, a quien recordamos por la no menos inquietante Retrato de una obsesión (2002), que logra unas imágenes conmovedoras, arropadas por una música tan bella como la banda sonora compuesta por Rachel Portman (http://www.youtube.com/watch?v=l_xqCT7j5Og). Uno de esos títulos que no hay que dejar de ver. Lo mejor que se ha estrenado en mucho tiempo. Quienes hayan leido la novela homónima de Kazuo Ishiguro, autor de quien ya se adaptó Lo que queda del día, que guarden, por favor, el secreto.
viernes, 18 de marzo de 2011
Serbian Film por encima de toda ley
Un juzgado catalán ha procesado al director del Festival de Sitges porque el certamen proyectó “A Serbian Film”. Cineastas, directores de festivales y críticos apoyan al procesado. ¿Se deberá el problema legal a la escena de la película en la que una mujer desnuda, colgada por las muñecas, a quien acaban de arrancar los dientes, es asfixiada mientras hace una felación a su asesino? ¿O será aquella otra en la que el protagonista decapita con un machete a la mujer desnuda, atada boca abajo a una cama, a la que está penetrando? Pues ninguna de las dos, porque se trata de escenas entre adultos. Pero hay que aclarar que “A Serbian Film” es cine dentro del cine, dos películas en una. La primera, un drama bastante malo protagonizado por una estrella porno, y dentro de ésta, una segunda película, el film pornográfico del tipo snuff (con asesinatos) que rueda éste. El conflicto surge porque se sitúa a niños (o su imagen) en el contexto de las películas porno que se muestran o que ruedan los personajes. En una, un hombre penetra a un bebé recién nacido, sin cortarle siquiera el cordón umbilical, ante la mirada complacida de su madre. En otra, el protagonista, drogado, penetra, sin saberlo, a su propio hijo, de cinco años.
Leo la Constitución, Art. 20.4, que impone como límite a la libertad de expresión: “especialmente (…) el derecho a la protección de la juventud y de la infancia”. Leo el Art. 189.7 del Código Penal, que se imputa al director de Sitges, que considera punible la conducta de quien: “produjere, vendiere, distribuyere, exhibiere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada”. Vista la película, leida la norma, fuera de corporativismos entre cineastas, queda un margen de duda. En democracia, estas dudas las resuelven los tribunales. Quienes crean lo contrario deberían promover una reforma legislativa para situar al cine por encima de toda duda y toda norma.
miércoles, 23 de junio de 2010
Cierra la Devedeteca
viernes, 18 de junio de 2010
Tópicos sobre los críticos
A mí también me gustaría tener un trabajo que consistiera en ir al cine... Este es quizá el tópico más romántico sobre la profesión de crítico y el sueño dorado de cualquier aficionado. No hay que olvidar que críticos e informadores somos, por encima de todo, aficionados, y compartimos ese deseo. Pero la realidad no es tan de color de rosa. Cuando haces una profesión de escribir, hay que dejar los gustos personales a un lado. Se acabó lo de elegir sólo las películas que nos apetece ver. Hay que verlas todas. Buenas, malas o regulares. Dobladas o en versión original. Americanas, españolas, francesas, turcas, tailandesas o afganas. Dramas, comedias, ciencia ficción, terror, cortometrajes o documentales. Lo ideal, antes de que se estrenen. Cuantas más, mejor. Como mínimo una al día (mi marca está en cinco). Por lo general, por las mañanas, de lunes a viernes, en los visionados privados que organizan las distribuidoras. Los fines de semana quedan para repescar en salas comerciales los títulos pendientes (mi sesión preferida es la primera de la tarde). Y cuando llevas vistos media docena de títulos que ni te interesan ni lo merecen, y además tienes que empapártelos y escribir sobre ellos… eso de tener un trabajo que consiste en ver películas ya no es tan divertido como parece.
domingo, 28 de junio de 2009
Caladita mortal
Las inocentes caladitas que le da Sharon (encarnada por Jacquy Phillips) a su cigarrito en Two Hands (Gregor Jordan, 1999) acaban con ella entre toses. No puede abrirle, en consecuencia, la puerta al inocentón de Jimmy (el difunto Heath Ledger), mensajero del gángster local que le lleva una bonita suma de dinero. Jimmy, ignorante de su suerte, cree que Sharon se ha ausentado de su casa y decide esperar a que vuelva. Hace tiempo en la playa, se descuida, le roban la pasta y ... ya tenemos en marcha una curiosa trama de cine negro a la australiana, con mucho humor y gángsters tan psicópatas como los de siempre, pero que van con pantalones cortos y camisas hawaianas, lo que los hace un pelín ridículos.
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